miércoles, 16 de diciembre de 2015

martes, 15 de diciembre de 2015

Lo que aprendimos de la crisis

En estos días en los que partidarios y detractores de los partidos se enzarzan en las redes cargados de prejuicios y descalificaciones y con muy pocas ideas, leer a los expertos me parece lo más esclarecedor y saludable.
Recomiendo esta entrevista. En ella, tres economistas de prestigio de distintas tendencias ideológicas coinciden en cosas que un servidor, con conocimientos muchísimo más básicos en la materia, lleva mucho tiempo diciendo en este muro.
“La gran lección que deja la fase expansiva de la economía que culminó en 2007 es que el exceso de concentración de la actividad en un solo sector no es bueno. (…) Y que sí, además, el sector donde se materializa esa deuda es bajo en tecnología es mayor la vulnerabilidad ante vaivenes exteriores. (…) Porque la recuperación se está basando, como alertaba el otro día el Banco Popular en salarios bajos y eso es pan para hoy y hambre para mañana.” Emilio Ontiveros.
“No se ha incentivado lo necesario en la innovación, sino que se han impulsado estrategias de competencia con bajos salarios.” Juan Torres.
“En la UE podemos hacer mucho en tecnología, porque seguimos a la cola en el registro de patentes y en el número de empresas que se crean a partir de patentes.” Daniel Lacalle.
Estas cosas hay que saberlas a la hora de analizar de dónde proviene el sufrimiento de tantos de nuestros conciudadanos, pues si no veremos una simple cuestión de siglas o ideología donde hay todo un problema de modelo. Mi opinión es la que he expresado en otras ocasiones. Debemos ser ambiciosos. Para no repetir esos errores, un cambio de modelo productivo para dar cada vez más protagonismo a la investigación, innovación y desarrollo aplicadas a, entre otras, la economía verde: infraestructuras como los Techos Verdes, eficiencia energética de las viviendas, energías renovables, turismo sostenible, movilidad responsable, alimentación ecológica, etc. De este modo, estaríamos creando una economía más sólida y a la vez, haciendo frente al mayor desafío que tenemos como especie y ante el que no hay ni un minuto que perder: el cambio climático. Tenemos grandes profesionales que están ya trabajando en ello de manera silenciosa, precaria en muchas ocasiones, y que nos convertirían en un país puntero en no tantos años.
Lamentablemente, nuestros partidos, incluso los nuevos, apenas hablan de nada de esto en la campaña y siguen anclados en izquierdas y derechas y en la política y economía de hace una década. (Tan solo Podemos tiene en su programa electoral algunas propuestas atractivas en este sentido, pero sus dirigentes parecen más interesados en descalificar a los rivales que en explicarnos cómo las llevarían a cabo).
Por eso algunos, que soñamos con una España moderna, innovadora, líder en investigación y responsable con el medio ambiente, nos sentimos, también en esta ocasión, huérfanos de voto.
No recuerdo quién dijo aquello de que la realidad es el mayor sueño hecho realidad, pero por eso vamos a seguir diciendo las cosas. Al menos el que escribe.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Paraje Natural del Desfiladero de los Gaitanes

En el antiguo Egipto, los buitres eran animales sagrados. Existía el culto a Nejbet, la diosa buitre con alas. Su función era dar protección en los nacimientos, sobre todo en los de los dioses y reyes. Aquellos hombres y mujeres de hace miles de años no tenían los conocimientos en zoología que hoy tenemos, pero demostraron conocer la importancia de este bello animal en nuestros ecosistemas. Para que lo nuevo nazca con fuerza, primero hay que limpiarse de lo viejo, debieron pensar. Y tenían razón. Efectivamente, nuestros amigos limpian los espacios naturales de cadáveres, sobre todo de ungulados, y así nos evitan multitud de enfermedades infecciosas.
En el Paraje Natural del Desfiladero de los Gaitanes vimos a los buitres leonados (Gyps fulvus), con su elegante planeo sobrevolando las altas cumbres de los macizos rocosos. Son unos maestros del aire. Su dominio del vuelo, sus giros lentos, su cadencia buscando siempre el gasto mínimo de energía, sus casi 3 metros de envergadura alar, el sonido de sus alas cortando el aire. Contemplarlos es toda una gozada.
En España tenemos la suerte de ser su principal reducto europeo. Fuera de nuestras fronteras solo podemos ver algunas poblaciones en Francia, Portugal, Grecia, los balcanes, norte de África, Arabia y algunos países de Oriente próximo. Pero son pequeñas, fragmentadas y en declive. Aquí se ha pasado en pocos años del desprecio a la admiración que sin duda estas enormes aves se merecen. Hoy, salvando el período posterior a la enfermedad de las vacas locas que obligó a eliminar la carroña de los montes, ocurre lo que hasta hace poco era impensable, que las noticias de avistamientos en balcones y azoteas se hayan convertido en familiares. En 2008 según el censo de la SEO se calculó que existían en nuestro país más de 24.600 parejas, saliendo de las «Listas Rojas» de especies amenazadas
Actualmente se sigue trabajando para que la legislación sea más permisiva aún y que no sea necesaria la retirada de reses muertas y su destrucción, y queden así disponibles para la alimentación de estos grandes necrófagos.
Nos lo devolverán con creces. Como en el antiguo Egipto, sabrán proteger con su maestría el alumbramiento de una naturaleza nueva al final de todos y cada uno de los días. Por todas estas razones no nos cansamos de admirarlos.



Fotos: María Dolores Olea

lunes, 30 de noviembre de 2015

Sobre la cumbre de París y el cambio climático

Ni las izquierdas y derechas con el cargante runruneo de los candidatos, ni la amenaza terrible del terrorismo y sus fanáticos, ni mucho menos la fugacidad de engañosos descuentos con nombre y origen norteamericano. Con los datos sobre la mesa, lo que más debiera importarnos ahora mismo es el cambio climático. Datos que hablan de catástrofes que todos conocemos y que solo se minimizarán (evitarlas fue posible, pero ya es tarde), según muchos expertos, con un cambio de modelo. En lo económico, en lo tecnológico, en lo social. (Recomiendo el artículo publicado hoy en El País “Hacia el final de una economía basada en las energías fósiles” del biólogo Luis Morales Carballo.)
Muchas voces se alzarán desde las redes contra los Jefes de Estado y de Gobierno que están reunidos estos días en París si no llegan a un acuerdo satisfactorio (ya incluso se les está criticando), y con razón . Pero, ¿estamos dispuestos como sociedad a aceptar ese cambio de modelo del que hablan los expertos? ¿eso que, en nuestro caso, no sería tanto un cambio de modelo como de actitud? ¿Evitaríamos esas conocidas franquicias de ropa barata cuya calidad potencia el “usar y tirar” de prendas fabricadas en el tercer mundo con un enorme coste social y medioambiental? (fabricar un vaquero cuesta 3.000 litros de agua según el observatorio del agua de la Fundación Botín, por no hablar del consumo de energía.) ¿Renunciaríamos a tener siempre el último modelo de TV, el de la pantalla más grande? (cuanto más grande es la pantalla más energía necesita para funcionar según el informe de WWF “TV-Off” que también indica que cada año se venden en el mundo unos 220 millones de televisiones, cuyo consumo energético supone la emisión a la atmosfera de 200 megatonaladas de CO2.) ¿Y los archideseados móviles? (El impacto ambiental de los teléfonos móviles es brutal y no se ve, según Enrique Montero, profesor de Tecnología Electrónica de la Universidad de Cádiz, por el uso de elementos químicos cuya extracción y procesamiento provocan destrucción de la naturaleza, contaminación del agua, aire y suelo con sustancias tóxicas y radiactivas.)
Por supuesto, al igual que cuando se habla de las emisiones provenientes del uso del automóvil nadie se refiere a dejar de usar este, tampoco se dice ahora que dejemos de comprar ropa, televisores o móviles. Si se compra barato y de mala calidad habrá muy pronto que comprar más para reponer, en el primer caso. Y no es necesario tener siempre el último modelo de todo, en los dos últimos. Hablamos de promover un consumo más racional, sostenible y con menos despilfarro. Tan sencillo como eso.
Dejarlo todo en manos de los políticos y criticarlos cuando nos fallan es cómodo, pero ineficaz. Dijo Víctor Hugo que el futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, la oportunidad. Seamos valientes, aún estamos a tiempo de mitigar el desastre. Aún tenemos la oportunidad de construir un futuro mejor.

Foto: Luis de Bethencourt. cc.

martes, 3 de noviembre de 2015

Ciudades de bambú

Si hace unos meses veíamos el proyecto del arquitecto belga Vincent Callebaut que consistía en convertir París en una ciudad verde para 2050, es ahora una firma china, Penda, la que nos aporta una solución arquitectónica sorprendente e innovadora: ciudades de bambú. 

Estas constarían de edificios sostenibles y podrían albergar hasta 20 mil personas. Sus creadores que ya realizaron un espectacular pabellón de Bambú para la feria de diseño de Beijing, afirman que esto podría ser realidad en 2023. Uno de los integrantes del equipo ha comentado en una entrevista: “El estado actual de irresponsabilidad en la planificación de las ciudades, hace que nuestra profesión deba replantearse los procesos constructivos. El uso de materiales naturales como el bambú, vinculado a un sistema modular inteligente, serviría para estructurar de manera inteligente y tener la libertad de crecer en cualquier dirección.” Dichos materiales se podrían reintegrar en la naturaleza al terminar su vida útil. 


Las autoridades chinas ya han mostrado su interés en el proyecto, porque, además de sostenible en un momento en el que el cambio climático es el mayor desafío, sería economicamente rentable. ¿Y en España? ¿Sería posible algo así? Por supuesto. Se puede y se debe. Según un estudio del CSIC, los territorios de nuestro país menos vulnerables a la crisis fueron aquellos que contaron con una economía más diversificada, los que mantuvieron una industria renovada y de innovación. Es decir, País Vasco y Navarra. Basar la recuperación económica en sectores agotados como la construcción y estacionales como el turismo es volver a cometer los errores del pasado. Hay que adaptar los modelos productivos a los nuevos tiempos. Tenemos profesionales de sobra preparados para cumplir un gran papel en el presente y en el futuro, aunque no salgan en los medios mayoritarios: infraestructuras como los Techos Verdes, eficiencia energética de las viviendas, energías renovables, turismo sostenible, movilidad responsable, alimentación ecológica, etc. Tan solo nos falta, en mi opinión, voluntad política y creérnoslo. Por algo dice un proverbio oriental que la sabiduría del bambú es saber doblarse sin romperse y sacudirse cuando la tierra tiembla. A ver si nos sacudimos las inercias político-económicas históricas y esas estructuras mentales pesimistas tan limitantes.








Fotos (muy recomendable verlas una por una): http://www.home-of-penda.com/

martes, 27 de octubre de 2015

Sobre el informe de la OMS

Un informe de la OMS en manos de algunos medios y de las redes sociales tiene más peligro que Valentino Rossi en la última prueba del mundial de motos. Titulares como “dice la OMS que comer carne procesada produce cáncer” o “la carne, tan peligrosa como el tabaco según la OMS” son FALSOS. O mejor dicho, están tan simplificados o manipulados que el parecido con la realidad es pura coincidencia. La nota de prensa de ayer no ha dicho nada que no se intuyera desde hace años y no tiene por qué hacer variar en absoluto la alimentación de quien ya lleve unos hábitos de vida saludables. Lo nuevo es que ahora tenemos las evidencias, de enorme utilidad, que siempre nos aporta el método científico. 

¿Qué es lo que ha dicho la OMS sobre la carne? la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) lo que indica, adelantando datos de un estudio que verá la luz proximamente, es que (copio tal cual de la nota) "cada porción de 50 gramos de carne procesada consumida diariamente aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%." Las carnes procesadas serían salchichas, hamburguesas, jamón, etc. El aumento de este tipo de cáncer por cada porción de 100 gramos de carne roja al día podría ser del 17% (pero de esto último aún no se han hallado suficientes evidencias concluyentes). Es decir, según esto, un consumo moderado no tendría estos efectos. Más bien al revés, pues la carne también aporta nutrientes. Una persona tendría que llevar una vida de consumo DIARIO de estos alimentos y su probailidad de padecer este tipo de cáncer, en el primer caso, aumentaría “solo” un 18% por cada porción de 50 g de carne procesada que comiera diariamente. Un tipo de vida que muchos ya rechazamos desde hace años por razones obvias (enfermedades cardiovasculares, diabetes, pesadez de estómago, etc.). Por no hablar de las implicaciones del excesivo consumo cárnico en las emisiones de gases de efecto invernadero.


¿Ha dicho la OMS que el riesgo de consumir carne procesada respecto al cáncer es el mismo que el que produce el tabaco? De nuevo, no. La clasificación del IARC que engloba a este tipo de carne y a los cigarrillos en el mismo grupo (el 1) se hace en función de las evidencias científicas que existen y no de su peligrosidad. De hecho, según la propia OMS, 34.000 personas morirían al año en el mundo debido a estas carnes frente al millón que lo harían por tabaco.


Todo esto puede ser muy útil, ya que en el caso de las carnes procesadas el riesgo viene de las sustancias añadidas al desnaturalizar la carne para su conservación. Las industrias van a tener a partir de ahora la pelota en su tejado en lo que se refiere a la modificación de dichos procesos. Si se resistiesen, estos datos serán para administraciones y sociedad civil una herramienta valiosísima.


Pero sobre todo es importante incidir en que la ciencia, debido a su rigor, nunca va a darnos afirmaciones del estilo de “blanco o negro” o “bueno o malo” más propias del pensamiento mágico, de la ideología o de la religión, ya que trabaja siempre con porcentajes, dosis, continuidad en el tiempo... Variables que a algunos les cuesta incluir en un titular o en un post alarmista de facebook. 

Enlace a la nota de prensa original: http://www.iarc.fr/en/media-centre/pr/2015/pdfs/pr240_S.pdf




Foto: La opinión de A Coruña.

miércoles, 7 de octubre de 2015

La Junta cataloga las dunas de Marbella para garantizar su protección

Como no es una mala noticia no se compartirá cientos de veces en facebook, pero lo merece. Porque me consta que viene tras años de incansable trabajo de los compañeros de la Asociación Produnas y porque no hemos llegado a valorar en la medida necesaria la importancia de estos enclaves. 

Desde hace décadas se han visto como simple arena llena de hierbajos. La especulación urbanística y la sobreexplotación del litoral hicieron el resto. Es un error, pues los ecosistemas dunares actúan como defensa fijando la tierra contra los temporales. Cuantas veces no hemos sufrido un temporal de invierno que ha arrasado nuestras playas teniendo que gastar millones y millones en regenerarla. Un problema que suele repetirse año tras año. Pues eso no sería necesario si no hubieran sido eliminadas de nuestro litoral las dunas. ¡Como encontramos en la naturaleza la respuesta que a veces no somos capaces de ver los hombres! Además, en los ecosistemas dunares viven especies valiosísimas.

Las dunas presentan una interesante vegetación adaptada a soportar la fuerte insolación, la escasez de agua y el continuo azote del viento. En el cordón dunar marbellí especies como el barrón o el cardo marítimo y, en la proximidad de la playa, el perfumado narciso de mar. Más alejados de la costa, la sabina o el lentisco y todo el ecosistema que albergan de monte mediterráneo. En cuanto a fauna, gaviotas argénteas, mirlos, abubillas, mochuelos, cernícalos, chorlitejos patinegros. Las lagartijas colilarga y colirroja entre otros reptiles... Una maravilla de riqueza natural para disfrutar (ojo, si es posible andando por senderos habilitados, ya que el pisoteo podría perjudicar su dinámica natural) y celebrar este nuevo grado de protección.




Pinchar en la foto para leer el artículo de SUR

Foto: Josele Lanza.